Una de las pruebas que tenía en mente por las buenas
opiniones de muchos amigos que habían ido a correrla de unos años a esta parte.
Cuando se me ocurrió hacerla por fin este año, mi familia no sólo decidió
acompañarme el día de la carrera, sino también aprovechar el fin de semana de
su celebración para hacer turismo.
Llegaba con los deberes hechos, pero con problemas para
asimilar kilómetros a ritmo vivos y rodajes largos. Los entrenamientos se
cumplían con mucha voluntad a falta de buenas sensaciones, que aparecieron tres
semanas antes y se terminaron de materializar la semana antes cuando hice un
test de 2x6000 con la compañía de Juan Cabeza, un amigo del club, a ritmos de
3:49 y 3:48 min./km.
Esas
buenas impresiones me las llevé a Córdoba
junto a la familia el sábado con la mentalidad de aprovechar para visitar el
centro histórico, pasando antes por la Feria del Corredor para recoger mi
dorsal y bolsa del corredor y el de los amigos Juanpa Gómez y Mamen Ledesma.
Allí hubo mucho voluntario ayudando a que todo saliera bien en la entrega de
dorsales y bolsas de obsequios y muy bien repartido el espacio entre diferentes
stands de patrocinadores, tiendas, negocios vinculados al running y asociaciones
y clubes locales. En la bolsa del corredor había una equipación de
atletismo muy chula compuesta de camiseta y calzonas, toalla del patrocinador y la
medalla de finisher.
Luego
de soltar las maletas en el hotel, aprovechamos las facilidades de estar
alojados en el centro para dar un paseo por allí. Tras coger fuerzas con la
gastronomía de la zona, no quisimos perder la ocasión de visitar un mercado de
artesanía y dulces típicos navideños de la famosa Plaza de las Tendillas. Así terminó una jornada de convivencia en
familia pre-media maratón.
Domingo
de carrera, en una ciudad que quería estar. De entrada puedo decir que el día
amaneció con un poco de frío, pero nada que ver con las previsiones de mal día
en lo climatológico (incluso se avisaba de cierta probabilidad de llover). Tras
entregar sus dorsales a Mamen y Juanpa, era el momento de calentar para que no
pasara factura la rasca que soplaba junto al arco de salida de la Avenida Conde de Vallellano.
8.300
corredores salíamos este año a la conquista de las calles cordobesas para
disputar una de las mejores medias
maratones de Andalucía. Bastaron 500m para pasar por uno de los enclaves de
esta ciudad, el Puente de San Rafael,
acelerados como lo suele hacer la euforia inicial de las salidas. Hubo criba en
los 3 primeros kms para vislumbrar un grupo al que engancharme con un ritmo
uniforme, a la entrada por la parte menos bonita del circuito con varias
urbanizaciones y un polígono industrial, llegando a bordear el Río
Guadalquivir.
Foto: ABC de Córdoba
Consigo
ponerme a ritmo de 3:44 min./km de media, pero en el km 8 (Avda. Carlos III) bajo una pendiente pronunciada y hago una subida
de similares y considerables proporciones en la que es inevitable perder
tiempo. No obstante, consigo reponerme y pasar el km 10 en 37:20. Previsiones de marca optimistas.
Con
la mitad del trabajo hecho me adentro en uno de los momentos más destacados del
circuito con la entrada en pleno centro cordobés, síntoma inequívoco por la
presencia cada vez mayor de público animando a los corredores. De la animación
destaco que hubo un momento en el que se formó un pequeño pasillo con demasiada
gente a ambos lados animando sin parar, como si de una subida al Tourmalet se
tratase, con discurrir por el Paseo de
Colón y, nuevamente, por Las
Tendillas.
Y
llegó el “muro” de la media maratón con la cuesta de la Avenida del Brillante
que castigaba de lo lindo en el momento que más flaquean las piernas. Siguieron
varias rectas en las que, si bien es cierto ayudaban a mantener un ritmo
constante, uno deseaba que se acabaran cuanto antes. Cuando vi el cartel del km
18, me di cuenta de que el tiempo se me escapó de tal manera en este tramo que
peligraba bajar de 1h20; de este modo, tocó sacar fuerza de donde casi no
quedaba nada.
Foto: Diego Meca
Llegada
con un ambientazo espectacular, con la
estampa Puente Romano y aledaños repleto de gente animando y aplaudiendo a
más no poder. Fue poner el pie en el puente, echarle el ojo al reloj del Arco
de Entrada al Puente (su particular “Puerta
de Brandemburgo”) y, con mucha prisa para no irme de tiempo, acabar la que es mi novena media maratón en 1h19:56
(3:47 min./km). ¡Qué casualidad! en el mismo puesto que mi número de dorsal: el
214.
Satisfecho por haber logrado finalizar
por encima de lo esperado, atrás quedaron semanas en las que parecía que no
llegaría en la condición física que esperaba. Sólo me queda felicitar a la organización, cuya labor recae en el IMDECO, por
mimar al corredor como lo han hecho y profesionalidad para convertir esta media
en todo un referente donde las haya. Trabajan a la perfección para que no se
les escape ningún detalle que salga mal y la verdad es que dan ganas de repetir
sólo por lo mucho que se vuelcan sus vecinos el día de la prueba.











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